
Bueno, se acabó el mes de junio. O casi.
Este mes me gusta mucho. Quizás es que siempre lo asocio al comienzo de las vacaciones, al comienzo de los días largos y luminosos, al comienzo de un tiempo distinto en el que espero hacer un montón de cosas... aunque luego, en septiembre, el balance no se aproxime a lo programado.
Desde hace unos años este tiempo es difícil para mi. Tal vez porque no puedo estar donde quiero, ni con la persona que quiero. Y, en estos meses, tengo mucho tiempo para rumiar y rumiar esta situación que me corroe por dentro.
Cada año pienso que ya falta menos, que ya hemos sobrevivido a la dura prueba de afrontar los 365 días.
Cada año pienso que todavía quedan otros en el camino para llegar a donde quiero y me entra la duda de si seré capaz, de si seremos capaces de sobrellevar la situación.
Esto no huele a nada y, quizás, ese es el desconcierto y la paradoja de mi situación. Sobre todo en un blog como éste, que iba a ir de olores, de perfumes y de estrellas.
Por cierto, ¿dónde están las estrellas?

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