
Tenía pendiente hablar de estrellas. Tanto perfume, tanto perfume... al final he arrinconado las estrellas casi al olvido.
Me gustan las estrellas como me gustan los perfumes, pero los perfumes de las cosas naturales, no los que se embotellan y se venden a precios astronómicos.
Para hablar de astronomía prefiero mirar al cielo.
El cielo nocturno ha fascinado a los humanos desde el principio de los tiempos. Mirando hacia arriba descubrimos lo pequeñitos que somos y la inmensidad del universo que habitamos.
El cielo y las estrellas que vemos en él han servido para montar religiones, hacer guerras, sustentar inquisidores, retar a la ciencia... e inspirar a poetas, amantes y fascinar a los niños.
El cielo de verano no es especialmente atractivo para ver estrellas muy brillantes o constelaciones emblemáticas como la de Orión, el mítico cazador heleno.
Muchas estrellas tienen nombres árabes ya que ellos estudiaron el firmamento mucho antes que cualquier otro pueblo, pero en el nombre de las constelaciones se llevan la palma los griegos, que dejaron marcado en el cielo el ir y venir de sus héroes, dioses y animales mitológicos.
Os dejo dos imágenes con el cielo nocturno de esta época del año (si pinchas sobre las imágenes las verás más grandes).

En la primera, mirando hacia el Norte, destaca el Triángulo de Verano con tres de las estrellas más brillantes del cielo de esta época: Vega, Deneb y Altair. También podremos ver las constelaciones de la Osa Mayor y la Osa Menor, en cuya punta destaca la estrella Polar. Más abajo está otra constelación fácil de identificar: Casiopea, con su forma en W, y un poquito más abajo de ésta encontramos el único objeto visible a simplevista que está fuera de nuestra galaxia. Se trata de la Galaxia de Andrómeda, que se ve como una zona borrosa, con poco brillo, pero que en realidad son millones y millones de estrellas que forman una galaxia similar a la nuestra, la Vía Láctea.
En la segunda, mirando hacia el Sur, tenemos a Arturo, de color rojizo y Antares, en la costelación del Escorpión y también de tono naranja. Hacia el sur-este vemos dos objetos brillantes que no titilan, son los planetas Júpiter y Plutón.Y de este a oeste, cuando no hay luces que lo entorpezca, veremos la masa tenue de brillo de la Vía Láctea. Es nuestra galaxia o, más bien, uno de los brazos de la espiral en donde hay tantas estrellas y tan lejanas que dan la sensación de un líquido lechoso derramado sobre nuestras cabezas.
Espero que disfrutéis con el cielo y con la compañía, porque cuando se mira de noche a las estrellas se hace mejor en compañía.


