
Sí, es la época.
Todos los años al final de la primavera y principios de verano las avenidas de mi ciudad que tienen plantados tilos se trufan con un olor maravilloso, sutil, placentero...
La flor no es nada espectacular. Su perfume sí.
Es otro de los olores que llevo dentro de mi cerebro desde pequeño.
Cuando lo huelo sé que el verano ya es imparable. Marca esa frontera entre los días todavía lluviosos, todavía nublados, todavía fríos... con el calor sofocante de las tardes de verano.
Mi tierra es así. No tenemos prácticamente primavera. Pasamos de tener que poner la calefacción a no poder dormir por las noches.
Bueno, quizás exagero un poco con eso del calor. Sí que hace calor en las horas centrales del día, pero aquí se puede dormir por la noche.
Y, en esta época, lo más maravilloso es dejar la ventana abierta por la noche. Por ella entra un frescor muy agradable y, ahora, el perfume embriagador de los tilos en flor.

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