
Hace frío. El invierno ya se ha instalado y ha venido para quedarse con nosotros unos meses.
El otro día estaba paseando por el monte con una amiga y me hizo una observación interesante, me dijo que no olía a nada. Y era cierto.
Los olores necesitan una temperatura templada para mostrarse en todo su esplendor. Es lo mismo que cuando catamos un vino o un coñac. Si están fríos no huelen a nada, no muestran la maravilla de esos terpenos, polifenoles, aceites esenciales y alcoholes volátiles que penetran por nuestras narices hasta lo más profundo de las fosas nasales y arrancan imágenes y evocan recuerdos... a veces también personas.
Al rato, cuando nos aproximamos a un pueblecito en medio del bosque, empezó a embriagarnos un típico olor a leña quemada, a chimenea de casa de pueblo.
Luego, junto a la lumbre, cómodamente instalados en un sofá, se desataron otros olores...
Estamos en invierno, y eso es lo que hay.

3 comentarios:
No me había fijado pero quizá sea cierto!
Besicos
calor y mimos, el fuego dentro, nevando fuera.........ummmmmmmm que rico!
bs
Hola Belén, hola I met you, siempre es un placer leeros en vuestros blogs y los comentarios que dejáis aquí.
Un beso, calor y mimos, a elegir... ¡aunque se puede pedir todo! que para eso estamos en estas fechas.
Publicar un comentario