domingo, 31 de agosto de 2008

La química


Ayer estuve en la playa. Fue un día precioso. No hacía mucho calor, no había mucha gente, el mar estaba bravo y un olor agradable, relajante y placentero llenaba el espacio cada cierto tiempo.

Estar al lado del mar con fuerte oleaje es una garantía de que en ese entorno se producen muchos iones negativos.

Los iones negativos son fundamentales para el equilibrio eléctrico de nuestro organismo.

En esos entornos (también cuando hay una fuerte tormenta con rayos) normalmente sentimos un estado de bienestar debido a la neutralización de las cargas positivas que vamos generando con nuestras actividades y se van quedando en la periferia de nuestro cuerpo.

Pero ayer había un plus en el ambiente.

Parte de los aromas los daba un alga, de color rojizo, llamada gelidium, que en la costa cantábrica se recoge porque llega abundantemente a las playas arrastradas por las olas.

De esta alga se extrae, entre otras cosas, yodo y ese es el componente que, con su fuerte olor, impregna el ambiente.

¡Qué día de playa más agradable! ¡Qué tranquilidad y sosiego alcancé tumbado en la arena! ¡Qué rato de felicidad tan barato y tan al alcance de la mano!

Lástima que luego, al volver al hogar, las cosas fueran más duras y la realidad superase a los malos sueños, a esas pesadillas que a veces tenemos dormidos... pero también despiertos.

Son cosas que pasan en un día de finales de agosto, de finales de las vacaciones y que demuestran que la química de los aromas, de los olores, de las sensaciones, es mucho más fiable y amable que la "química" de algunas personas.

1 comentario:

i met you dijo...

"En la costa cantábrica se recogen gelidium".

En la montaña cantábrica se recogen aromas a manzanilla, cálidas nieves y leche recién ordeñada y siempre ella termina recogiéndote en sus nieblas.

:)